Desde hace un tiempo, he tomado por devoción rezar ante un crucificado antes de la santa Misa. Contemplar a Cristo en la cruz, me permite acercarme mejor y con mayor devoción a la Eucaristía. Y si me es posible escucharla ante un Cristo crucificado, todavía mejor.
La relación entre la santa Misa y la Pasión y Resurrección de Cristo debería ser evidente, pero vivimos un tiempo en que muchas verdades de nuestra fe están oscurecidas. La imagen del "banquete" parece que es la única dimensión en la que se desarrolla la Misa. No hace mucho tiempo, un amigo que había tenido experiencia en el mundo protestante, reflexionaba sobre la costumbre de una de esas comunidades, de celebrar una especie de banquete en mesas de doce personas. Y me decía este amigo que si no era más fiel a la Última Cena este tipo de teatralizaciones. Así, la "memoria" de la Pascua no sería más que una representación de un momento en la vida del Señor, exceptuando cualquier presencia real, y mucho menos su sacrificio. Conviene recordar pues lo que enseña la Iglesia:
Posdata. El cuadro es obra de Bartolomé Esteban Murillo, procedente de los Sitios Reales. La foto es del Museo Nacional del Prado.
Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera. Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia.Como vemos, la Misa hace presente de forma real a Jesucristo, perpetuando su sacrificio en la Cruz, su Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección. No es una representación ni una memoria de un hecho pasado, no son ritos muertos. El que Vive está vivo en su Iglesia, para ti, para mi, para todos. Y su mayor expresión de amor, está en la Cruz, en su entrega, en su ofrecimiento. Pendiente de la Cruz, está culminando la redención de todo el género humano. El calvario se convierte así en la gran contradicción: el lugar de la muerte ha sido convertido en la plenitud de la vida, de Jesucristo, y de nosotros con él. Tal vez, mi duro corazón, necesita recordar esto ante de empezar la Misa. Y así, de la representación plástica del amor de Jesucristo, ir a su verdad plena, activa, actual, real, en la Eucaristía.
Posdata. El cuadro es obra de Bartolomé Esteban Murillo, procedente de los Sitios Reales. La foto es del Museo Nacional del Prado.

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