Gian Lorenzo Bernini 1660-1669?
Siempre me digo que le tengo que dedicar más tiempo a la adoración, pero nunca lo pongo en práctica. Hoy, aprovechando una bajada a la ciudad, he ido a sentar mis reales (y a doblar mis rodillas) ante el Santísimo, un buen y largo tiempo, sin prisas, sin interrupciones, sin mirar el reloj. ¡Y qué bueno es Dios! ¡Y qué inmerecido tenemos sus dones, sus caricias, su paciencia, su misericordia!
Comparto con vosotros unas breves reflexiones:
1. Me gusta comenzar saludando a Cristo con el salmo 62, especialmente con los versículos "mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti". Porque ir adorar al Señor, alabarlo y glorificarlo, tiene que sentirse dentro, tiene que entenderse como una necesidad. Tener sed, tener ansia del Señor, que en el Santísimo Sacramento está presente, esperándonos. Postrándome ante él, quiero que se convierta en esa necesidad urgente, prioritaria, que desplace (destruya, minimice, arranque) a todas esas necesidades humanas que nos están esclavizando (televisión, internet, móvil, popularidad, dinero, placer...).
2. Leer el evangelio ante el Santísimo expuesto, me parece que es dialogar con Dios en presente, de tú a tú. Hoy he leído varios capítulos de san Marcos, y lo he podido contemplar por los caminos curando, expulsando demonios, exhortando, conversando con sus apóstoles... El Dios más humano, presente realmente ante mí, dirigiéndome su palabra y esperando mi respuesta. Me presento ante Él, pobre, pobrísimo, pecador... Pero me acerco pidiendo también curación, pidiendo también milagros, y signos. Me avergüenzo, sí, pero grito:
¡Creo, pero ayúdame a tener más fe! Mc 9, 24.
3. Las oraciones que en las apariciones de Fátima reveló el ángel, me ayudan a dar ese toque universal a la adoración. No solo estamos ante el Señor por nosotros, estamos por todos, y ofrecer al mismo Señor, en nuestro oficio de sacerdotes, profetas y reyes, me ayuda a colaborar en la misión redentora de Cristo.
"¡Oh Jesús mío! Yo creo, adoro, espero y te amo, y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te amar".
"Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Os adoro profundamente, y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores".
La adoración del Cordero Místico. Hermanos Van Eyck. 1432
Ya sale el acólito a realizar la reserva y me uno a la oración del pequeño grupo que se reúne cada mañana. La reparación con sus bendiciones, siempre me recuerda que el mundo blasfema, y que nosotros no debemos callarnos. Por eso bendecimos, a Dios, al nombre de Jesús, a su Cuerpo y su Sangre, a la Santísima Virgen... Sí, somos pocos, pero estos pocos, bendicen por todos, frente a las blasfemias del mundo. Cerrado el Sagrario, el Señor sigue allí, nos sigue esperando. Pero hay que volver al mundo... pero volvemos mejores. Y volvemos con Él y en su nombre.
¡Viva Jesús Sacramentado! ¡Viva y de todos sea amado!


No hay comentarios:
Publicar un comentario