domingo, 7 de julio de 2019

En el inmaculado Corazón de María.



Alegoría del Inmaculado Corazón de María, Patricio Morlette, 
Museo Soumaya, Ciudad de Méjico.


Allí estaba la esclava del Señor, anonadada, contemplando la inmensa misericordia de Dios guarnecida en un pesebre. En su inmaculado corazón, tal vez meditaba cómo los hombres nos empeñamos en luchar contra Dios, mantener nuestros propios planes, avanzar contra aquel que nos ama... Ella estaba allí, porque Él así lo había querido. Y Ella había dejado hacer a su Dueño. "Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores (...)" (Salmo 122), así Ella se mantenía fija en las manos de su Señor. ¡Qué lección más difícil de aprender! Pero lo que conocemos de su vida fue así... En la Anunciación, en la visitación a su prima Isabel, en Belén, en la presentación al templo... Es el Señor quien lleva la iniciativa. Solo cuando el niño Jesús se perdió en el templo, se dejó invadir por el miedo. ¡Qué escena la madre ante el Hijo! "¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados." (Lc 2, 48). Pero esta escena nos permitió que se revelara su corazón: "su madre guardaba todos estos recuerdos en su corazón" (Lc 2, 50). En Ella no había lugar para la retórica, se fió de Dios, y se siguió fiando toda su vida. Y allí la encontramos después de la pasión, muerte y resurrección de Cristo: "Todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María la madre de Jesús" (Hch 1, 14). 

En la oración, sí, ahí encontramos a María. Ahí, Ella concibió a Cristo; ahí, Ella sirvió a su Hijo. Ahí, Ella le siguió; en la oración, le acompañó hasta la Cruz, y en oración, hasta el sepulcro. Y en la oración, se encontró con Jesús Resucitado. Y orando, recibió el Espíritu Santo, gloria sobre gloria, dejándose llenar de Dios, Aquella que nunca tuvo otro dueño. Así es María, así es su Inmaculado Corazón. Ella nos invita a entrar en él, donde encontraremos a Cristo, su Hijo. No desperdiciemos su invitación, que no están los tiempos para dormirnos. Nos invita a su Inmaculado Corazón, a orar, a reparar, a rogar por los pecadores. Vayamos a María, que la tarde de los tiempos va cayendo, y ya casi es de noche.

¡Inmaculado corazón de María, sed la salvación mía!

viernes, 5 de julio de 2019

Reflexiones ante el Santísimo Sacramento


Gian Lorenzo Bernini 1660-1669?


Siempre me digo que le tengo que dedicar más tiempo a la adoración, pero nunca lo pongo en práctica. Hoy, aprovechando una bajada a la ciudad, he ido a sentar mis reales (y a doblar mis rodillas) ante el Santísimo, un buen y largo tiempo, sin prisas, sin interrupciones, sin mirar el reloj. ¡Y qué bueno es Dios! ¡Y qué inmerecido tenemos sus dones, sus caricias, su paciencia, su misericordia! 

Comparto con vosotros unas breves reflexiones:

1. Me gusta comenzar saludando a Cristo con el salmo 62, especialmente con los versículos "mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti". Porque ir adorar al Señor, alabarlo y glorificarlo, tiene que sentirse dentro, tiene que entenderse como una necesidad. Tener sed, tener ansia del Señor, que en el Santísimo Sacramento está presente, esperándonos. Postrándome ante él, quiero que se convierta en esa necesidad urgente, prioritaria, que desplace (destruya, minimice, arranque) a todas esas necesidades humanas que nos están esclavizando (televisión, internet, móvil, popularidad, dinero, placer...). 

2. Leer el evangelio ante el Santísimo expuesto, me parece que es dialogar con Dios en presente, de tú a tú. Hoy he leído varios capítulos de san Marcos, y lo he podido contemplar por los caminos curando, expulsando demonios, exhortando, conversando con sus apóstoles... El Dios más humano, presente realmente ante mí, dirigiéndome su palabra y esperando mi respuesta. Me presento ante Él, pobre, pobrísimo, pecador... Pero me acerco pidiendo también curación, pidiendo también milagros, y signos. Me avergüenzo, sí, pero grito:
¡Creo, pero ayúdame a tener más fe! Mc 9, 24.

3. Las oraciones que en las apariciones de Fátima reveló el ángel, me ayudan a dar ese toque universal a la adoración. No solo estamos ante el Señor por nosotros, estamos por todos, y ofrecer al mismo Señor, en nuestro oficio de sacerdotes, profetas y reyes, me ayuda a colaborar en la misión redentora de Cristo. 
"¡Oh Jesús mío! Yo creo, adoro, espero y te amo, y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te amar".
"Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Os adoro profundamente, y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores".

La adoración del Cordero Místico. Hermanos Van Eyck. 1432


4. No olvido el rosario. El Señor en el Santísimo Sacramento está agonizando, entregándose, redimiendo, no en pasado, ahora, aquí y ahora. Contemplando los misterios dolorosos me uno a Él, y a María, que está presente donde Él está. Ella, primer sagrario, me enseña a estar junto a Él, a seguirle, a entenderle, a suplicarle, a adorarle. Así, contemplo a María junto al Santísimo Sacramento, que se convierte en una fuente de gracia, y Ella, reparte ese agua a las almas, que quienes como pajaritos, se acercan a beber. 

Ya sale el acólito a realizar la reserva y me uno a la oración del pequeño grupo que se reúne cada mañana. La reparación con sus bendiciones, siempre me recuerda que el mundo blasfema, y que nosotros no debemos callarnos. Por eso bendecimos, a Dios, al nombre de Jesús, a su Cuerpo y su Sangre, a la Santísima Virgen... Sí, somos pocos, pero estos pocos, bendicen por todos, frente a las blasfemias del mundo. Cerrado el Sagrario, el Señor sigue allí, nos sigue esperando. Pero hay que volver al mundo... pero volvemos mejores. Y volvemos con Él y en su nombre.

¡Viva Jesús Sacramentado! ¡Viva y de todos sea amado!

jueves, 14 de marzo de 2019

El santo de lo cotidiano


Foto del Museo del Prado.


Según van pasando los años, va creciendo en mi la devoción al santo patriarca. En nuestro mundo ruidoso, tan ávido de protagonismo, que nos pretende generar tantas necesidades por cosas tan pequeñas, baratas y sucias; tan tendente a aislarnos, a generarnos el problema para luego presumir de ser la solución, san José se convierte en un signo de contradicción. Él lo tuvo todo, se movió en medio del misterio de la salvación, en un Dios-con-nosotros real y tangible; pero el mundo dice que no tuvo nada. Pobre, sin protagonismo, virgen, muerto antes del éxito-fracaso de su hijo... no es nada para la humanidad avarienta de cualquier tiempo pasado o presente.

Mientras comenzaba a escribir estas palabrejas sobre el santo patriarca, me ha venido al corazón estas palabras del evangelio:
¿Tendrá quizás que agradecer al siervo que haya hecho lo que se le había mandado? Así también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os mande, decid: "Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que teníamos que hacer" Lc 17, 9-10
Me gusta contemplar estas palabras de Cristo aplicadas a su padre, tal vez aprendidas en el ejemplo silencioso de José. El buen siervo que se marcha silencioso, que espera en el seno de Abrahám la victoria de su Hijo, que entra en el paraíso con Él en la noche santa de la Pascua. 

El santo Patriarca también nos ayuda a vivir la Cuaresma. Con su ejemplo, su silencio, su desprendimiento, su confiarse a lo aparentemente pequeño del día a día, cumple con la voluntad del Padre y goza de su presencia. ¡Qué lejos estamos de vivir la fe como él la vivió! Que él nos ayude a ser más de Jesús, completamente suyos, cada día y cada hora de nuestra existencia. 

martes, 5 de marzo de 2019

A la puerta del sepulcro


"Noli me tangere" Pedro Nuñez del Valle.
Museo del Prado. Madrid.


Aunque mi sensibilidad se suele dejar llevar por los tiempos litúrgicos, en ocasiones da estos saltos inesperados. La mente y el corazón se dejan llevar por una imagen, una escena, una oración... En vísperas de la Cuaresma, me dejo llevar a la escena del jardín, con la Magdalena llorosa, rota, derrotada, al borde de la locura, pero fiel, vigilante, presente. ¿Y Cristo? Cristo esperando, a punto de salirle al encuentro, tal vez gozándose de que aquella mujer pecadora, le sea fiel hasta el final, aunque ya no se tenga en pie, tan vaciada de sí misma.

¿Y por qué anda mi imaginación por esto lares? Varios motivos me han llevado a ello. Hace unos días leía el pasaje de la bodas de Canán:

Su madre dice a los sirvientes: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5)

Las notas de pie de página, nos remite a un pasaje del Éxodo, donde nos relata la teofonía en la montaña del Sinaí. Dios va a manifestarse de forma gloriosa, ha liberado a su pueblo y va a establecer su alianza con el Decálogo. El pueblo proclamará "Haremos todo cuanto ha dicho el Señor" (Ex 19, 8). Otra vez esas palabras que ojalá dijéramos con el corazón y las lleváramos a la práctica: haremos lo que nos diga el Señor. Pero lo que me llamó la atención fue las instrucciones que Dios va a dar a su pueblo para manifestarse: "al tercer día, al amanecer" (Ex 19, 16) (y nos vamos metiendo en la resurrección...). Antes el Señor le ha pedido a Moisés que prepare a su pueblo, que limpien sus ropas, que no toquen a ninguna mujer, que se purifiquen. Y otra cosa: "guardaos de subir a la montaña o de tocar su borde" ( Ex 19, 12). ¡No podía tocarse la montaña! Estaba consagrada a Dios, y Él estaba descendiendo a ella. Solo Moisés y Aarón podrán subir al monte, el pueblo deberá quedarse abajo. Y ahí dí el salto: ¡Noli me tangere! Las palabras en latín que Cristo va a decir a la Magdalena en la mañana de Pascua, hoy traducidas como "No me retengas" (Jn 20, 17). Si en el Éxodo Dios se manifiesta terrible, con "humo (que) se elevaba como el de un horno y la montaña temblaba con violencia"(Ex 19, 18), con "truenos y relámpagos" (Ex 19, 16); en la mañana apacible de la Pascua, el Dios humanado, el verbo hecho carne, se manifiesta como el maestro que sale al encuentro de la mujer rota, perdonada y fiel, la única que ha permanecido a la puerta del sepulcro. El Éxodo es imagen, sombra de aquello que nos cuenta el Evangelio. La manifestación última de Dios, verdadera y definitiva, es ésta: Cristo victorioso que nos llama y que está entre nosotros. En ese día, al anochecer, enseñará a sus apóstoles las manos y el costado, donde sus llagas siguen abiertas, testigos de su Pasión y Muerte. ¡Benditas llagas que nos trajeron la salvación!



El Salvador, de hortelano. Tiziano. 
Museo del Prado.


Pero no solo la lectio de estos días me ha ayudado a persistir en esta imagen. La situación de la Iglesia es tan deplorable, que ningún católico puede sentirse al margen de la vergüenza y el dolor que cubre a nuestra madre. Verla tan herida, tan ensuciada, con el terrible pecado de los abusos sexuales y su encubrimiento, de la infidelidad del clero (del alto clero, altísimo clero), es desolador. Todo ello, impulsado desde las sombras con la estrategia de reducir a la esposa de Cristo a una amalgama de comunidades silenciadas, despojadas de la fe de los Apóstoles y convertidas en una ONG venida a menos. A ello también uno mis pecados personales, nuestros pecados, que nos hacen débiles y cobardes, huidizos ante estos tiempos temibles, que solo anuncian tiempos todavía peores ¿Y qué hacer? Redoblar la oración, hacer penitencia, reforzar nuestro compromiso cristiano, aprovechar bien la Cuaresma y la Semana Santa...

Pero al final, todo eso, es una pequeña parte, unos ejercicios dirigidos a fortalecernos. La mujer que esperaba a la puerta del sepulcro, sobre todo amaba, y cargaba con todo lo suyo. Estaba, aunque estuviera enloquecida, y esperaba. Amaba al hombre y Dios que era y es Jesucristo, el mismo de los relámpagos, los truenos y el humo del Sinaí, pero ahora humanado, con un rostro que nos ilumina a pesar de nuestros pecados, deficiencias, limitaciones (incluso delitos). Viene con nuestra liberación en la mano, con su definitiva victoria y nuestro consuelo. La Iglesia sigue a la puerta del sepulcro, aunque esté hoy más enloquecida, más sucia, más necesitada de perdón que la Magdalena. Y al inicio de esta Cuaresma, yo también quiero estar ahí con ellas, tan sucio, tan enloquecido, tan débil, tan triste, tan desnortado, esperando a que el Señor salga y se me escape del corazón... "Maestro"...